Dificultades en las relaciones maritales, paternofiliales y entre hermanos ocurren en todas las familias, incluso son positivas si logramos superarlas y solucionar los problemas por que hacen a la familia más fuerte y a sus miembros mejor preparados.
Pero las malas relaciones familiares pueden suponer un grave problema, afectando tanto a la familia como a cada uno de sus miebros, cuando una familia se rompe todos los miembros sufren. Los problemas de la relación familiar juengan un papel central en muchos
trastornos infantiles y de la edad adulta, como depresión, ansiedad, estrés… Al igual que una familia unida y con buenas relaciones es un “salvavidas” para todos sus miembros. Después de los problemas de pareja, los problemas más frecuentes en las familias los protagonizan los padres y adolescentes, generalmente por un deterioro de la comunicación, quizás porque los patrones familiares son muy rígidos, porque hay un exceso de control, sobreprotección, o disciplinada inadecuada, o por todo lo contrario, no hay ningún control sobre el adolescente y se siente abandonado o ignorado. Y si, al ya difícil paso por la adolescencia de un joven, añadimos unos padres con algún otro problema (psicológico, de salud, económicos, trabajo/paro….) la probabilidad de conflictos aumentan.
Otro ejemplo de un frecuente problema de la relación familiar es el conflicto entre hermanos. Las regañinas, la rivalidad, las exclusiones en el juego o en las conversaciones, los celos, la dominancia/sumisión… que pueden llevar a abusos o violencia, si los padres intervienen a tiempo y de forma adecuada terminan siendo las anécdotas de la infancia de unos hermanos que han aprendido ha relacionarse como personas con temperamentos y personalidad diferente.








