Los trastornos alimentarios afectan fundamentalmente a adolescentes y jóvenes entre 15 y 24 años, aunque cada día se amplia mas el intervalo a edades más tempranas y más avanzadas. Lo mismo pasa con el sexo, tradicionalmente este ha sido un trastorno de mujeres, cada día más hombres se ven afectados por él.
Sabemos que los trastornos alimentarios se deben a factores sociales. Por una parte la abundancia y la variedad de alimentos presentes en las sociedades desarrolladas favorece
una mayor ingesta, junto con el estilo de vida sedentario a causa de los avances tecnológicos, provoca un balance energético positivo (más calorías consumidas que gastadas), que se observa en un aumento de peso, que en algunos casos lleva a la obesidad. Por otra parte la sociedad valora más la delgadez (cosa que escasea), un canon de belleza impuesto por los medios de comunicación de masas que nada tiene que ver con la realidad, nos venden la delgadez como sinónimo de ser triunfadora, el secreto de la felicidad y de la autoestima … por lo que personas que han tenido experiencias desagradables con la obesidad, y que son más vulnerables a la presiones impuestas por los criterios estéticos, empiezan a valorar negativamente su cuerpo y a querer perder peso.
Después de la obesidad, la anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa son los trastornos alimenticios más conocidos. Son más frecuentes durante la adolescencia aunque cada vez se dan más casos en adultos, igual pasa en el caso del género, estos problemas se empiezan a dar tambien en varones.
En cuanto a los adultos, los desordenes alimenticios más frecuentes son el trastorno por atracón, generalmente asociados a otros problemas, estrés, emocionales,de pareja, ect. Aunque la vigorexia (preocupacion obsesiva por el cuerpo se manifestada por un exceso del ejercicio físico) y la ortorexia (obsesión por consumir únicamente comida sana) se dan también en un alto grado parecen estar más relacionados con un tipo de personalidad más exigente, muy autocrítico y con alta necesidad de control, que le da demasiada importancia al aspecto físico.








