Durante el episodio maníaco la persona sufre un estado de ánimo anormalmente y persistentemente elevado, expansivo o irritable, con una duración mínima de una semana (o con cualquier duración si es necesaria la hospitalización). Presenta síntomas como autoestima o grandiosidad excesivas, disminución de la necesidad de dormir, más hablador de lo normal o necesita hablar continuamente, fuga de ideas o experiencia subjetiva de que los
pensamientos se suceden a gran velocidad, distraibilidad, aumento de la actividad dirigida hacia un fin o agitación psicomotora, implicación excesiva en actividades agradables que tienen un alto potencial de consecuencias negativas (p.ej., inversiones financieras descabelladas).
Los episodios maníacos se caracterizan por profundos cambios del estado de ánimo, de la conducta y de las cogniciones. El estado de ánimo es característicamente expansivo, capaz y alegre, incluso eufórico. Las personas con un episodio maniaco parecen conductualmente acelerados, con moviéndose y hablando más rápido de lo normal. El pensamiento también suele ser más rápido, y su contenido se caracteriza por ideas exageradas o sobrevaloradas sobre sus capacidades. La energía subjetiva puede ser elevada y es frecuente la disminución de la necesidad de dormir.
Al necesitar dormir poco y poseer, aparentemente, energía y confianza sin límites, muchos pacientes maníacos experimentan estos episodios como deseables. Sin embargo, debido a que la grandiosidad y el pobre juicio de los pacientes pueden llevar a un comportamientos ruinoso, como la promiscuidad sexual, el gastar dinero en exceso y el esponerse a riesgos inecesarios.
Los episodios maniacos se pueden desarrollar lentamente, a lo largo de semanas o incluso meses, o pueden surgir bruscamente.








